Es asombrosa la capacidad que tiene Eduardo Iturralde González, árbitro internacional, en primera división desde 1995, para tomar decisiones sorprendentes en cada uno de los partidos que arbitra. Liarla, vamos. Hoy en el Bernabéu ha expulsado a Miguel Torres a los 20 minutos de juego. La entrada, me han comentado, es de roja viéndola por la televisión. En el campo parecía una entrada normal, dura, merecedora de tarjeta amarilla (y ningún jugador del Murcia habría pedido la roja). Es más, en el segundo tiempo hubo una sobre Guti exactamente igual y el árbitro lo arregló pidiendo tranquilidad al jugador del Murcia. Hay que saber interpretar el reglamento, no sólo aplicarlo literalmente, y menos aplicarlo a veces literalmente y otras veces no. No se trata de que sea en un sentido o en otro, se trata de no hacer siempre lo más inverosímil tratando de pasar a la historia como el valiente que se atreve a tomar una determinada decisión. Y lo hace constantemente.

De memoria recuerdo que el año pasado no pitó dos penalties clamorosos a favor del Sevilla en la penúltima jornada, que le habrían dado virtualmente la liga a los sevillanos. Expulsó a Zidane por revolverse contra Javi Navarro tras la enésima agresión de éste. Expulsó a Roberto Carlos a los 20 minutos de un Barcelona - Real Madrid por una dura entrada a Figo, cargándose el partido más apasionante del año cuando con una amarilla lo podía haber resuelto.
También recuerdo que en sus inicios ya hablaban de él porque tenía las tarjetas firmadas por Induráin y al poco tiempo expulsó a Mijatovic en el famoso partido del Calderón donde Raúl se salió y metió el famoso gol regateándo en el área, que suponía el 1-2 cuando el Real Madrid estaba con 10 por la expulsión antes mencionada.
Recientemente también la ha armado en el Barcelona - Valencia de la Copa y en el Recreativo de Huelva - Real Madrid. Tampoco pasó desapercibido, en el Sevilla - Osasuna, Valladolid - At. Madrid de copa o en el Villareal - Racing (ver el análisis detallado que hacen en deportexpress).
No se trata de que cometa errores, se trata de que él y su linier Rafa Guerrero son ya presa de su propia leyenda y cada día tienen que dejar una huella imborrable en los espectadores.
Además, es un árbitro mediocre porque aplica incansablemente la ley de la compensación, hoy por ejemplo sacando tarjetas amarillas y pitando faltas dudosas en contra del Murcia, gesticula sin parar, hace con todo tipo de aspavientos lo que podría hacer discretamente… y como ha comentado un espectador, tanto él como Rafa tienen contratos publicitarios, por lo que a ellos les interesa tener relevancia popular y mediática. Todo lo contrario a lo deseable en un árbitro, que es que pase desapercibido.
ya ves, qué cosas.