
Hubo una época en la que Javier Clemente era un experto en conseguir grupos unidos que estaban a muerte con él. Utilizaba una serie de trucos bastante poco elegantes pero efectivos: marginar a la estrella enviando un mensaje del tipo “yo no me caso con nadie” (Sarabia, Lauridsen, Baltazar…) y buscar el enfrentamiento con la prensa convirtiéndolo en el enemigo común del grupo, y ya se sabe que pocas cosas unen tanto como un enemigo común (todas las empresas deberían intentar tener uno).
De un tiempo a esta parte, Clemente ha quedado marginado por el mercado laboral de los entrenadores de élite, los equipos sólo cuentan con él para intentar un milagro de salvación a diez jornadas del final, casi siempre sin éxito. Y por eso ya no tiene la presencia mediática de antaño e intenta aprovechar al máximo sus minutos, tratando de dar titulares con cada una de sus frases, utilizando un lenguaje soez y buscando enfrentamientos con los que ahora ocupan las portadas, como el público del Bernabéu o Schuster, aunque para desgracia de Clemente, éste no entró al trapo.
Pero lo peor es que también ha perdido su capacidad de gestionar un grupo. En las últimas dos semanas ha dado una lección de como desmotivar a un grupo y hacerle dudar hasta de su número de d.n.i. Primero, en vísperas del partido ante el Real Madrid, se pasa la semana diciendo que va a “poner el autobús” y que no puede ser de otra forma cuando son “un equipo 40.000 millones contra una cuadrilla de amigos”. Después del partido, para mi perplejidad, se despachó con que había dicho a sus jugadores que habían perdido una oportunidad histórica de ganar, ¡¡por no ir a por el partido!! Oír para creer.
Y esta semana, no contento con eso, ha dicho esas típicas frases repugnantes que dicen los entrenadores cuando quieren quitarse la responsabilidad de encima: que él no juega, que los que meten el pie (o no) son los jugadores, y que él les dice como tienen que hacer para ganar pero hacerlo o no depende de ellos. Resultado: 1-4 con el Mallorca.
El fútbol está mucho mas igualado de lo que parece. Cualquier equipo gana a cualquiera y no es ni siquiera una sorpresa, y en los pequeños detalles se deciden los partidos, y basta que los jugadores, en una plantilla que sin estar sobrada tampoco está exenta de calidad (tres delanteros de primer nivel, por ejemplo), no estén convencidos de salir a morir y de que pueden ganar, para que se desmorone todo. Recordemos las últimas jornadas del Madrid de Queiroz, que perdió todos los partidos (incluido el del Murcia, que estaba ya casi descendido, igual que este año), con Beckham, Ronaldo, Figo, Raúl, Roberto Carlos y compañía.
Y Javier Clemente, pese a que es, o aparenta ser, todavía bastante joven, parece estar completamente de vuelta de esto del fútbol y de llevar un grupo. Veremos cuánto tarda en decir que le contrataron para un proyecto imposible y que él ya les dijo a los directivos que ese equipo iba a segunda división irremisiblemente. Al tiempo.
Ni p. idea de qué es Javier Clemente, un grandísimo entrenador.
Para hacer blogs como estos, mejor http://www.granhermano.com
Javier Clemente entiende de fútbol como el que más.
Debería haber sido periodista además de entrenador.
Político algunas veces y aldeano otras.
Javier Clemente lleva en sus venas a la ría de Bilbao y por su boina a pasado de todo frio y calor agua de lluvia y colonia de la mejor si la usa que no lo se.
Pero sobre todo él se siente seguro desde la linea que marca el campo de juego y el otro campo que también es de juego pero de observación global del partido del análisis de los adeversarios y hasta de los gestos y maneras del otro entrenador adversario.
Javier Clemente es un ardilla del bosque llamado fútbol y pocas cosas le pueden hacerle pasar mal, creo que únicamente puede hacerle daño la traición y creo que como a TODOS NOSOTROS habitantes de éste planeta llamado tierra, también nos duele pero seguimos al pie del cañón.
Un fuerte abrazo para mi mejor entrenador Javier Clemente de Luis Miguel zuluaga. 647147701.